lunes, 13 de junio de 2011

AQUÍ UNA MUESTRA DE QUIEN PODEMOS SER, Y QUIEN IMAGINAMOS SER, DE LA MANO DE UNO DE LOS GRANDES POETAS COMO ES MARIO BENEDETTI
la vida puede dar vueltas, el como enfrentar esas vueltas es lo que dirigirá tu destino


COMO ÁRBOLES
Quién hubiera dicho
que estos poemas de otros
iban a ser
míos
después de todo hay hombres que no fui
y sin embargo quise ser
si no por una vida    al menos por un rato
o por un parpadeo
en cambio hay hombres que fui
y ya no soy ni puedo ser
y esto no siempre es un avance
a veces es una tristeza
hay deseos profundos y nonatos
que prolongué como coordenadas
hay fantasías que me prometi
y desgraciadamente no he cumplido
y otras que me cumplí sin prometérmelas
hay rostros de verdad
que alumbraron mis fábulas
rostros que no vi más pero siguieron
vigilándome desde
la letra en que los puse
hay fantasmas de carne    otros de hueso
también hay los de lumbre y corazón
o sea cuerpos en pena    almas en júbilo
que vi o toqué o simplemente puse
a secar
            a vivir
                        a gozar
                                 a morirse
pero además está lo qe advertí de lejos
yo también escuché una paloma
que era de otros diluvios
yo tambén destrocé un paraíso
que era de otras infancias
yo también gemí un sueño
que era de otros amores
asi pues
desde este misterioso confín de la existencia
los otros me ampararon como árboles
con nidos o sin nidos
                                poco importa
 no me dieron envidia sino frutos
esos otros están
                        aquí
sus poemas
son mentiras de a puño
son verdades piadosas
están aquí
                rodeándome
                juzgandome
con las pobres palabras que les di
hombres que miran tierra y cielo
a través de la niebla
o sin sus anteojos
también a mí me miran
con la pobre mirada que les di
son otros que están fuera de mi reino
claro
        pero además
                            estoy en ellos
a veces tienen lo que nunca tuve
a veces aman lo que quise amar
a veces odian lo que estoy odiando
de pronto me parecen lejanos
                                            tan remotos
que me dan vértigo y melancolía
y los veo minados por un duelo sin llanto
y otras veces        en cambio
los presiento tan cerca
que miro por sus ojos
y toco por sus manos
y cuando odian me alegro de su rencor
y cuando aman me arrimo a su alegría
quién hubiera dicho
que estos poemas míos
iban a ser
                de otros.
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